martes, 4 de noviembre de 2014

Cien

ÉL



—No sé por qué he tardado tanto…
Puede que mi corazón se negara a creer que estabas aquí; tal vez se resistía a pensar que te has ido…

Llevo más de seis años sin poder mirarte a los ojos, sin poder adivinar lo que esconde tu mirada, sin poder decirte que te quiero y ver como ese brillo especial aparece bajo ese color miel de tus pupilas.
Seis años levantándome de una cama fría y vacía porque ya no estás. Y aunque me pellizco y veo que esta es la realidad, aunque siento todos los días el alma rota; no dejo de pensar que es solo una pesadilla y que cualquier día despertaré y volveré a sentir el calor de tu cuerpo bajo las sábanas.

Daría mi vida por volver a aquel primer día. ¿Te acuerdas? A mí me parece que fue ayer…
Justo en el primer acorde vi tu gesto. Te tapaste la cara como una niña pequeña cuando abre un regalo, o como cuando descubre algo por primera vez. No podía dejar de mirarte. Tus ojos empezaron a humedecerse cuando entoné las primeras palabras de nuestra canción. Temía desconcentrarme y acabar callado y absorto; mirándote.

En uno de los instrumentales de la canción te sonreí, tratando de que entendieras que te miraba a ti; que no había podido alejar la mirada de tu rostro desde que te vi.  Pero tus ojos cerrados y llorosos te impedían verme.

Ansiaba que la canción acabara para acercarme a ti; para tenerte más cerca. Y en cuanto acabó, abriste los ojos y alzaste la mirada hasta encontrarte con la mía, que seguía perdida en ti.

No puedo evitar sonreír al recordar lo nerviosa que estabas cuando subiste;  aunque lo cierto es que no sé quién estaba más nervioso de los dos.

No entendía qué me estaba pasando. Sabes que mi vida, antes de que aparecieras, tampoco fue fácil. Raquel siempre había formado parte de mí  y no lograba entender por qué contigo era todo tan diferente… 

No entendía por qué necesitaba verte,  por qué las horas contigo se me hacían tan cortas; y no comprendía cómo podía soportar mi corazón ese vertiginoso latido cuando estabas cerca…
No entendía por qué me aterraba que pudiera pasarte algo…

Es curioso que te lo diga ahora, ¿verdad?

Ahora me maldigo por no entender que tenía delante al amor de mi vida. Me castigo por todo el tiempo que perdimos sin estar juntos. Por cada enfado, cada malentendido…

Si hoy pudiera recuperar todo ese tiempo perdido… Si hoy pudiera volver a aquél abrazo del primer día…

Recuerdo como si fuera ayer tantas cosas… ¿Te acuerdas de tu cumpleaños?

Llevaba días preparándolo todo con Alba. Llevábamos mucho tiempo separados… tenía tantas ganas de verte…

Saliste al balcón con aquél vestido que casi me deja sin respiración. Escuchaba como te acercabas sigilosamente… pero no quería girarme. Miraba al horizonte tratando de serenarme. Sabía que lo que venía no sería fácil.

Me preguntaste si me había enfadado porque acababas de bailar con Rafa. Y al verte, tu rostro estaba cubierto de lágrimas. Al inicio intentaba hacerme el duro, pero verte llorar era mi punto flaco. Mil dudas me llenaban la cabeza de temor, pero sabía que tarde o temprano debía llegar ese momento. Y pasó… El primer te amo salió de mis labios intentando que te sonara a música celestial.

Algo que ya nunca podré volver a decirte.

Y nunca podré perdonarme que no estéis hoy aquí, que no estemos juntos y que no tengamos con nosotros a nuestro hijo. Me di cuenta; si, pero tarde. A veces me duermo pensando en él, en cómo sería, en cómo tendría los ojos. En si se parecería a ti, o a mí.

Tal vez tendría tu sonrisa, tus ojos, esa naricita pequeñita que tanto me gustaba… Puede que hubiera heredado ese nerviosismo tan tuyo, y tal vez hubiera heredado ese don que dios puso en mi garganta…

Le hubiera enseñado a tocar el piano, y la guitarra. Le hubiera hablado medio Francés, medio Castellano, y tú le habrías enseñado catalán. Y mi madre… mi madre seguro que le llenaría de caprichos y de amor, como su tía Casilda.

Seguro que pensarás que fui un estúpido al decirte todas aquellas palabras vacías que todavía resuenan en mi cabeza y me condenan por tu muerte. Y créeme, esta culpabilidad que siento es la peor cárcel de todas…

No sabía cómo hacerte entender que no quería perderte, que todo lo que te decía era para evitar volver a vivir otra muerte como la de Alba. Me horrorizaba pensar que podría quedarme solo, sin ti, y con un bebé al que siempre culparía por tu marcha.

Pero ya ves cómo es la vida… quizá el destino predestinó tu partida y pasó… no lo sé.—

Acerco la mano al mármol frío y recorro su nombre con mis dedos.

“MARINA FERRER BOSH  1992 — 2013”

Se me encoje el alma al recordar ese maldito año. Tal vez hoy, seis años después, haya despertado de esta horrible pesadilla en la que llevo inmerso tanto tiempo… Todavía no puedo creer que yo siga aquí y ella esté quién sabe dónde….

Me levanto poco a poco porque tengo las piernas entumecidas tras tanto rato de rodillas frente a ella. Un ligero ruido me alarma y vuelvo la mirada para averiguar de qué se trata.

—¡Alex! —No puedo creer que el hermano de Marina esté aquí…
—No sabía que habías venido— me dice cabizbajo.
—Tarde o temprano... sentía la necesidad de volver. Llevo demasiado tiempo eludiendo realidades…
—Me alegro Pablo. Me alegra verte mejor…
— ¿Y tú? ¿Cómo estás? —Hace mucho tiempo que no veo a la familia de Marina. Desgraciadamente aquellos días me presenté como el novio de su hija, del que ni siquiera habían oído hablar. Sus viajes, sus idas y venidas… todo lo escondía detrás del trabajo. Pero al fin y al cabo todo, tarde o temprano, sale a la luz.
—Bien. Estamos todos bien. ¿Por qué no me acompañas, tomamos un café y… hablamos?

Asiento nervioso. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Bienvenidos de nuevo, y gracias!

¡Bienvenidos de nuevo, familia!

Es un placer volver a estar aquí con todos vosotros.

Antes de volver a subir capítulos, antes de reemprender la novela, las actividades y por supuesto, antes de publicar el esperado capítulo 100, quiero tomarme unos minutos de vuestro tiempo para agradeceros tanto apoyo durante todo este tiempo; durante estos casi tres años.

Haciendo balance de todo lo que ha significado la novela, lo cierto es que no tengo palabras suficientes para agradecer todo vuestro apoyo y vuestro interés. A pesar de que los últimos meses he estado alejada del blog por razones que entenderéis pronto, quiero que sepáis que no he dejado de trabajar en ello.

La novela, en el blog, sigue siendo la misma; aunque el nombre ha cambiado, y vuelvo a insistir, pronto lo entenderéis todo, pronto sabréis el porqué de todo esto. Así que bienvenidos a “Desencuentro.

La intensidad del inicio fue espectacular, y tal vez algo desbordante para alguien que no tenía experiencia en ello. Por eso, este tiempo me ha venido bien a mí para aprender a manejar todo esto, y para vosotros porque habéis descansado un poquito de mí.

Por todo el cariño que he recibido por vuestra parte, por todas las palabras bonitas, la ayuda y la entrega… a todas y cada una de las personas que han estado a mi lado, compartiendo la pasión por este proyecto quiero lanzaros un GRACIAS en mayúsculas, y quiero haceros saber que todo este apoyo tendrá su compensación mucho antes de lo que pensáis. Mi más sincero agradecimiento, de corazón.

Estoy de vuelta, esta vez para quedarme y sorprenderos el próximo año con cosas nuevas y grandes.

Gracias, de nuevo. Un Gracias eterno.

PD: Y recordad que necesito más que nunca vuestra fuerza en las redes sociales. Para ello os pido que me sigáis si no lo hacéis ya, y que compartáis con vuestros contactos mis cuentas.

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domingo, 19 de enero de 2014

Noventa y nueve

 Él


Siento que el corazón no va a aguantar lo que le pido. Su fuerte latido me fatiga al subir las escaleras y tengo que parar en varias ocasiones. Cuando por fin mis pies se detienen en el último piso me apoyo en la baranda y suspiro agotado. Me acerco sigiloso a la puerta. Mis manos tiemblan como si me fuera a someter a una tortura. Sujetando la llave, me ayudo con la otra mano porque la tiritera no me deja insertarla correctamente en el paño. Inspiro y expiro por enésima vez y giro la llave hasta que la puerta cede y puedo ver como un pequeño rayo de luz se cuela por el pequeño hueco de ésta.

Empujo suavemente la puerta hasta que queda totalmente abierta. Una bocanada de aire frío me sacude y doy un paso atrás nervioso. Intento tranquilizarme auto convenciéndome de que seguramente la señora Moore olvidó cerrar la ventana. Inspiro de nuevo. Parecerá una tontería pero siento como si me robaran el aire, y necesitara recuperarlo.  

Avanzo poco a poco y cierro la puerta tras de mí. Un fresco olor a rosas embriaga mis sentidos y sigo el rastro hasta la pequeño balcón que da a la calle. Una decena de tiestos con todo tipo de flores engalanan la blanca y radiante balconera. Sonrío nervioso y un pequeño ruido me pone de nuevo en alerta.

Camino a paso lento tratando de averiguar qué ha ocurrido. Un fuerte escalofrío recorre mi cuerpo y me paraliza. No puedo creer lo que ven mis ojos. No… no puede ser cierto. No puede ser ella…  Siento mi cuerpo rígido y tembloroso. Mis piernas flaquean y tiemblan como cuando la tenía cerca, como aquella primera vez que pude abrazarla…

Un escalofrío recorre mi cuerpo. Giro la mirada y la veo allí, es ella, estoy seguro. Mi cuerpo se estremece y me quedo en shock. Soy incapaz de moverme y ella tampoco lo hace. Por eso reacciono, porque ella se ha quedado en pie, quieta a escasos metros de mí, y no puedo dejar escapar el momento. Me abalanzo sobre ella y la abrazo con todas mis fuerzas. Puedo sentir su respiración entrecortada y su dulce aroma. Su cuerpo tiembla como aquella primera vez que la tuve entre mis brazos. Ahora ya no es un sueño, es real, la tengo allí, conmigo. De mis ojos empiezan a brotar algunas lágrimas de emoción que no puedo reprimir, y siento como ella lo nota y me abraza con más fuerza. Pasa sus manos frotándome la espalda nuevamente para tratar de tranquilizarme.”

-¡Pablo, ¿Estás bien? … vuelvo a la realidad al oír su voz y la veo allí a mi lado, acariciándome con ternura las mejillas.
-Ma-Ma-Marina. Esboza su preciosa sonrisa y siento que mi corazón se recompone después de seis años.
-No, no, Pablo. Yo no soy…. Me mira con ternura. No puedo dejar de mirarla. No puedo creer que esté aquí.  Alex. ¡Pablo está aquí!, grita sonriente. La miro embelesado y recobro esa sonrisa que perdí aquella noche en aquél maldito aeropuerto.

-¡Pablo! Alex aparece por la puerta algo cambiado por el paso de los años pero con la misma sonrisa que su hermana, como siempre.
-A-Alex. ¿Qu-Qu-Qué hacéis aquí?, balbuceo.
-¡Oh! No, no. Pablo, no es lo que crees. Ella es Nazaret, mi prima, y la prima de Marina, claro.
-¿Cómo?, el alma se me encoje de nuevo al mirarla. Parece que los ojos me devuelven ahora una imagen completamente distinta de esa chica.
-¿Na-Nazaret? Alex asiente y ella se adelanta y me saluda con dos besos.
-Intenté decírtelo… lo siento, murmura. A medida que me fijo en ella desaparecen sus similitudes con Marina. Tiene un aire…pero…
-Siento estar aquí sin avisarte, pero la señora Moore me llamó y me dijo que llevabas tiempo sin venir… supuse que quedaría algo de mi hermana aquí, me dijiste la última vez que nos vimos que estaba todo tal y como lo habías dejado. Asiento, camino hasta el pequeño sillón del salón y me dejo caer abatido.

-Coge lo que quieras. Yo…Yo no necesito…Alex esboza una pequeña sonrísa.
-¿Cómo estás Pablo?, me corta. Hace mucho tiempo que no te veía…
-Cuatro años, murmuro.
-Dentro de poco va a hacer ya seis años que…
-Lo sé, le interrumpo. Apoyo las manos en la cabeza y desciendo lentamente por mis mejillas, cubriéndome los ojos a su paso. Siento su mano en mi espalda y le miro.
-¿Cómo estás?
-Bien. Hace mucho tiempo,… y… ya está superado, miento. No sé por qué no soy capaz de hablarle con franqueza. Me levanto nervioso y me dirijo a paso ligero a la puerta.
-¿Te vas ya?
-Eh… si. Tengo que irme. Solo venía a ver cómo seguía el piso y por lo que veo todo está en su sitio. He-He quedado. Nos vemos en otro momento.
-¡Claro! Mira… te doy mi tarjeta por si quieres que vayamos a tomar un café algún día. He venido a un congreso aquí a Madrid pero la semana que viene estaré de nuevo en mi consulta, en Barcelona. Sabes que tienes las puertas de casa abiertas…
-Eh… si, si. Nos vemos pronto, trato de sonreír y salgo de allí deprisa.

Bajo las escaleras trabándome con cada uno de los escalones que dejo a mi paso hasta que tropiezo finalmente dos pisos más abajo y caigo de rodillas. Me incorporo con cuidado y me quedo sentado tratando de recobrar la respiración, pero mi alma deja de ser fuerte y se derrumba llevándose con ella las lágrimas que llevo tanto tiempo guardando. Ahogo el llanto entre mis manos, evitando que mis quejidos me delaten.

“-¡Cielo! ¿Cómo estás?, me abraza mi hermana. Me tiro a sus brazos con fuerza y me estrecha para tranquilizarme.
-No quiero perderla Pau, ahora que…
-Shhh, no digas eso Pablo… estará bien. Seguro que necesita pensar y habrá salido a dar una vuelta, no te perturbes.
-¿Pero y si se ha perdido? ¿Si le ha pasado algo? le digo entre sollozos.”

El recuerdo de aquél día me perturba todavía con más fuerza. Recuerdo el ansia y el miedo que sentía al pensar que podía haberla perdido, y hoy… hoy es una realidad. Hoy no está, y no volverá nunca. Hace más de cinco años que me repito esa frase a diario, cinco años que le muestro al mundo un rostro que no tiene nada que ver con lo que tengo dentro y con lo que siento. Hace más de cinco años que el destino me arrebató el sol, y sin él la luna no brilla.

-¡Pablo! ¡Santo cielo! ¿Qué haces ahí en el suelo? ¿Qué te ha pasado? Las frías manos de una mujer me recogen del suelo y me ayudan a tenerme en pie. Levanto la mirada y me encuentro el rostro serio y preocupado de Mica, mi psicóloga. ¡Pablo qué haces aquí! ¿Qué ha pasado? Sin tiempo a responder camino a su lado como puedo, algo dolorido por la caída. Abre la puerta de uno de los pisos de aquél mismo bloque y veo a la señora Moore corriendo hacia mí con el rostro desencajado.

-¡Pero qué ha pasado, hijo mío! ¡Qué te han hecho!, grita alterada.
-Abuela, lo encontré tumbado en el rellano. No sé qué ha pasado. ¿Le conoces?
-¡Claro que le conozco, hija! Es Pablo, el chico del que te hablé. Él es el que me tiene el piso alquilado. El ático.
-¿Pablo es el inquilino? Bueno… el que te paga pero no… ¡Claro!, masculla. ¡Ahora lo entiendo todo!
-Pero ven, cariño. Vamos a tumbarlo en la cama. ¡Tenemos que curarle esos rasguños!

Me llevan hasta una pequeña habitación y me dejan caer con cuidado en la cama. Oigo como hablan intranquilas, corriendo de aquí para allá... pero yo sigo aturdido y conmocionado. Aislado de la realidad…

Sus manos frías vuelven a tocarme, y siento como limpia mis heridas con algo caliente que me escuece. Dejo ir un pequeño quejido. Parece que el golpe ha sido más fuerte de lo que pensaba. Acaricia mis manos para calmarme y sigue curándome.

-Pablo, dime algo. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacías aquí?
-Yo… sonríe y posa su índice sobre mis labios.
-Sh… me quedo más tranquila sabiendo que puedes hablar. Sonríe.
-Solo quería enfrentarme a ello yo solo. Pero…

-Shh… Ya está. No hables más. Descansa y ya tendrás tiempo de explicarme… Asiento. Te traeré una tila. Te irá bien. 
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