lunes, 20 de mayo de 2013

Setenta y uno




Me está tomando el pelo en mismísimo directo… no me lo puedo creer. El papel con las preguntas que preparé ayer se balancea al ritmo de mis manos temblorosas, y mis piernas siguen un extraño vaivén que delata mi estado de nervios.

-Últimamente te han relacionado con Malú… creo que ni suena a pregunta. El tono de mi voz ha tomado un aire monótono infumable. A penas me atrevo a mirarle, me viene a la mente el recuerdo de aquellos primeros días en Málaga, de los primeros días con él… me siento de lo más tonta.
-Malú es alguien especial. Me ha ayudado mucho en momentos muy complicados. Levanto la vista al fin. Parece que se ha puesto serio, parece que ahora no bromea y no me gusta nada… Calla y yo, sigo muda. Ahora es él el que se atreve a mirarme. Nuestras miradas chocan la una contra la otra en un intercambio de palabras mudas que lo dicen absolutamente todo.

Oigo un ligero chasquido y vuelvo en si. Dejo de mirar esos ojos que tantísimas veces he tenido delante y vuelvo la vista a Eneko. Reacciono enseguida y miro el papel sin encontrar nada más que letras y letras sin sentido que se unen dificultándome la tranquilidad.

-¿Cuál es la canción que más te ha costado publicar por ser extremadamente íntima? Acabo de leer intentando no trabarme y le miro. Sigue serio, pero ahora parece pensativo.
-Mmm… tal vez “Quién”. La entrevista ha iniciado un ritmo y un tono demasiado serio, y aunque quiero preguntarle el porqué de su respuesta, Eneko me corta para seguir con el programa, dando por terminada mi sección.

Me levanto inquieta. Pablo sigue con la entrevista con Eneko pero yo prefiero salir del estudio y reponerme un poco. Vuelvo a mi mesa, cojo el bolso y me adentro en el baño para tratar de adecentarme y tranquilarme. Me acerco a la pila con la intención de lavarme la cara. El agua resbala sobre mis manos y mis mejillas devolviéndoles la temperatura idónea, y apaciguando así el fuerte ardor que sentía sobre ellas. Levanto la mirada y encuentro a una muchacha con la expresión triste que me mira atentamente. Ya no sé quién es. No me reconozco. No me siento la misma persona que hace apenas unos meses. Han cambiado tantas cosas…

-Marina, ¿vienes? Sale Pablo del estudio. Ven corre, vamos a pedirle una foto. Es Cristina. Está eufórica con la visita de Pablo. Bueno, ella y toda la redacción.
-Em, si, si, voy, le digo mirándome por última vez al espejo y cogiendo mis cosas. Salgo del baño lanzando un fuerte suspiro al aire para intentar soltar la tensión. Avanzo por la redacción oyendo el griterío de la gente y me acerco al corro que han hecho entorno a él.

Tras varios minutos de fotos, firmas y mini-conversaciones con él de media plantilla de trabajadores de la emisora, Pablo fija la mirada en mí y sonríe.
-Gracias por la entrevista. Me ha gustado mucho. Asiento en señal de agradecimiento y noto las manos de alguien que me empuja por detrás provocando que caiga sobre su cuerpo.
-Hazte una foto, hombre. Es Cristina. Os juro que la voy a matar.

Pablo me mira risueño y Eneko está preparado ya con la cámara para sacar la instantánea. Sonrío ligeramente y siento la mano de Pablo rodear mi cintura provocándome un fuerte escalofrío. Por mucho que esté enfadada no va a dejar de provocarme todo ese cúmulo de sensaciones inimaginablemente indescriptibles. Roza mi mejilla sin que apenas pueda darme cuenta y rápidamente giro la cara para que nuestros labios no choquen de manera instintiva.

-Pablo, musita Mariola. Reconozco su voz enseguida, pero con el estado de histeria que llevaba no me había percatado de su presencia. Sonrío y me devuelve el gesto. Pablo camina hasta ella y se despide de mi jefe y de mí con la mirada.

Baja. Tengo 5 minutos y se me ocurren un sinfín de cosas que hacerte…jiji”

Es inevitable sonreír ante semejante mensaje. No sé si bajar y darle un par de bofetones o si comérmelo a besos. Dejo el móvil en la mesa con la intención de seguir torturándole unos minutos más. Se que tarde o temprano va a llamar, y me encanta hacerme la interesante. Y efectivamente, menos de tres segundos después suena la melodía de mi móvil.

-¿Si?, contesto pizpireta.
-Marina, tengo 5 minutos. Baja.
-Pablo, tengo trabajo. Vete, susurro para que no me oiga nadie.
-Marina…

Cuelgo rápidamente y abro el primer cajón de mi escritorio para asegurarme de que las entradas no han desaparecido. Esta noche hay sorpresa… Cojo el abrigo y salgo corriendo para evitar que se marche antes de llegar a bajo. Bajo las escaleras intentando no caerme de lo ligera que voy y al llegar a bajo, antes de que pueda salir a la calle, una mano me frena agarrándome del brazo con firmeza. Siento su aroma envolverme al chocar contra su cuerpo de nuevo. El impacto provoca que su cuerpo se apoye en la pared del portal, quedando entre ésta y mi cuerpo. Vuelve a pasar sus brazos alrededor de mi cintura y se acerca a besarme. Giro ligeramente la cara provocando que sus labios se posen en mis mejillas. Abre los ojos enseguida y me mira extrañado.

-Mi vida… ¿pasa algo? Intento hacer oídos sordos a sus dulces palabras y le miro seria. No me digas que estás enfadada por… ¡pero si ha sido una broma! Además, has empezado tú, ¿eh?
-¿Yo? ¡Pero qué va! ¡Yo solo preguntaba! Callo enseguida al darme cuenta de que le estoy hablando y suelta una de sus habituales carcajadas.
-Anda boba… que tengo poco tiempo para estar contigo y quiero aprovecharlo. Me dice volviendo a atraerme hasta él. Esta vez me dejo hacer, necesitaba tenerle por fin conmigo.
-La próxima vez contrólate un poquito… porque te mando rápidamente con tu amiga Malú…
-Mmmm noto cierta pelusilla… me dice entre risas. Celosilla…
-¿Yo? Solo te estoy diciendo que la próxima vez te voy a mandar con tu amiguita Malú, o no, mejor, te mandaré con tu amiguísima Afrodita… seguro que te lo pasas mejor.
-Mira que llegas a ser, ¿eh? Que yo no te digo nada de tu jefe y no te digo como te mira… estaba a punto de decirle si quería una foto tuya para su escritorio. Me separo de él lo justo para poder mirarle a los ojos y ahora soy yo la que se ríe.
-Pero qué dices Pablo…
-Lo que oyes… como siga mirándote así voy a tener que poner medidas…
-Pero Pablo, ¿qué dices?
-En una burbuja te voy a meter…, me dice ronroneando. Se acerca poco a poco a la comisura de mis labios y posa los suyos intentando torturarme. Se desliza por mi piel hasta llegar al cuello rozándome con sus labios y su aliento.
-Pablo. Es gay, le digo como puedo. Para de golpe y me mira con los ojos de par en par.
-¿Quién?
-Eneko, Pablo. Eneko es gay. Me mira estupefacto y no puedo evitar volver a reírme. En serio.
-No. Se pone serio. ¿Tú has visto cómo te mira, Marina? Te juro que he estado a punto de decirle algo…
-Tal vez te miraba a ti, bromeo.
-Marina…, vale, vale. Habla en serio.
-Va Pablo. Déjalo. En serio. Sea gay o no lo sea. Me mire a mi o a ti, le digo abrazándole. Mañana es un día especial para los dos y quiero celebrarlo como dios manda. Le cambia la cara al instante. Sonríe y vuelve a abrazarme. Tengo una sorpresa para ti. Ahora es él el que se separa y me mira. ¿Aceptas dejarte llevar por mí esta noche? No ha dejado de sonreír y ahora se acerca poco a poco a mí.
-Llévame a las estrellas…
-Mmmm creo que no va a ser el caso… pero estoy segura que te gustará. ¿Te espero aquí a las ocho? Asiente y me separo de él. Es tarde, llevo demasiado tiempo fuera de la oficina.
-Mmmm Marina… ronronea.
-Pablo, tengo que irme ya. Tengo que seguir trabajando, y tú también. Luego nos vemos, seré toda tuya, lo prometo, pero ahora me esperan arriba.
-¿Toda mía?, me dice picarón.
-Anda, ve, que Mariola nos matará a los dos. Te veo luego bobito, le doy un beso suave en los labios y subo las escaleras lo más rápido que puedo contando los minutos que faltan para las ocho y para esa sorpresa que le tengo preparada…

miércoles, 1 de mayo de 2013

Setenta


 Él

Por fin vuelvo a Barcelona. El caos producido por el embarazo de mi hermana, los celos de la pequeña Sara y los intentos de componer me han alejado de Marina durante aproximadamente un mes. Además, su nuevo trabajo, el embarazo de Alba y el hecho que su familia siga ajena a todo esto tampoco ha ayudado a que podamos estar juntos y tranquilos.

Esta vez voy sin avisarla, tentado por una entrevista en los cuarenta principales, la radio en la que ella trabaja. Se me han pasado mil y una ideas por la cabeza para sorprenderla, pero creo que si lo hago delante de todos sus compañeros de trabajo me matará, así que me conformaré con verle la cara cuando llegue.

-¿Has hablado ya con Marina? Mariola vuelve a venir conmigo después del “castigo” impuesto por la productora. Niego con la cabeza y abre la boca sorprendida. -¿Y cuando te vea allí? Te va a matar, Pablo, no sé si eres consciente…
-Me arriesgaré a que lo haga, le digo risueño. Así que evita hablar con ella como si la conocieras. Además, trabaja como redactora de la emisora, no estará en la entrevista.
-Está bien, está bien. ¿Pasamos por el hotel antes o prefieres ir directo hasta allí?
-Vamos directos, después ya tendremos tiempo de ir al hotel. Además, a la tarde tengo algo más, ¿no?
-Ahá. Tenemos un par de entrevistas más y una sesión de fotos. Hasta las 19h.
-Perfecto, Marina sale a las ocho, así que espero tener tiempo de ir a buscarla. Voy observando las soleadas calles de la ya conocida Barcelona. En el poco tiempo que llevamos juntos me ha dado tiempo a conocer un poquito más la ciudad condal. ¿Has reservado mesa en el restaurante que te dije? Mariola levanta la vista de una de sus agendas y me mira resoplando. ¿Me lo vas a volver a preguntar otra vez? Es la sétima vez que lo haces…
-Perdona, perdona. Quiero estar seguro de que todo marcha según lo planeado.
-Todo en orden, Pablo. Parece que no me conozcas…Sonrío y vuelvo la mirada a la calle. Mariola siempre me ayuda, en todo. Es la madre que tanto echo de menos cuando me voy de mi Málaga, por eso adoro que sea ella la que me acompañe en mis viajes.

Mañana es nuestro aniversario, ocho meses juntos. Ocho meses en los que a pesar de haber disfrutado muy poco el uno del otro, me siento cada día un poco más enamorado de ella y de todo lo que la rodea.

-¿Mañana por la mañana a qué hora quieres que le lleguen las rosas?, mi mente vuelve a aquél furgón al oír la voz de Mariola.
-Mmmm… ¿a las once?
-Perfecto, llamaré más tarde a la floristería para confirmarlo.
-Quiero raptarla a media mañana, suena a locura, pero ya sabéis, por una vez más que me llamen loco… Mariola me mira con los ojos abiertos de par en par y suelto una carcajada.
-¿Pero tú te estás oyendo?
-Perfectamente.
-Ahora en serio, Pablo. No pueden darte estos venazos así como así.
-No son venazos, Mariola, quiero tenerla para mi mañana. No es tan difícil de entender…
-Hemos llegado, nos anuncia Martín, el conductor de la furgoneta. Mariola me mira y asiento. Abro la puerta de atrás con fuerza y salgo del coche ante la atenta mirada de alguna que otra fan a la que reconozco enseguida.
-¡Pablo! Gritan al unísono. Me detengo frente a una de ellas, que me mira entre apenada y nerviosa.
-Hola mi niña. ¿Todo bien? Es la representante de mi club de fans chileno en España. Sonríe ligeramente y asiente. ¿Seguro?, vuelve a hacer lo mismo.
-¿Me firmas aquí? Para Angélica.
-Claro mi vida. Sujeto con una mano una pequeña foto en la que salimos los dos y sonrío al recordar el instante preciso de esa foto. Lo recuerdo como si fuera ayer… ese día en Isla Fantasía… Cuando acabo de firmar me tiende la cámara y soy yo mismo el que saco la foto esta vez.
-Gracias Pablo, musita.
-Gracias a ti. Gracias por estar aquí siempre, ¡y sonríe, que tienes una sonrisa preciosa!

Noto la mano de Mariola en mi espalda y me acerco para darle un último beso en la mejilla a la chica. Me despido del resto con rapidez y me adentro en el edificio donde ya me esperan para la entrevista. Llego tarde. Muy tarde… como siempre. Subo las escaleras que conducen al primer piso, no es la primera vez que piso estos estudios de radio, así que ya me conozco el camino. Me detengo en el último peldaño de la escalera y me giro hasta encontrarme con la cara de Mariola.

-Recuerda, no la conoces de nada, le aviso.
-Que si Pablo, que si… hago un gesto de aprobación y sigo el camino hasta llegar arriba, donde me esperan ya algunos de los presentadores y directivos de la emisora.
Buenos días Pablo! ¡Bienvenido!
-Buenos días. Siento el retraso… pero el tráfico… excusas baratas, pero nunca me llaman la atención. Busco con la mirada intrigadamente a Marina, pero no hay rastro de ella por ningún lugar de la redacción. Me acompañan hasta una salita en la que algunos de ellos se toman fotos conmigo y me hacen grabar alguno que otro vídeo. Al salir, es el momento de ir hasta la cabina de la entrevista, y Eneko, el conocido ya por mi como jefe de Marina, me acompaña hasta allí.
Entro y diviso como al otro lado de la pecera se encuentra Marina. Me mira con cara de todo menos de sorpresa. Claro… ya debía esperar mi visita, eso explica las llamadas de ayer…

-Bien Pablo, puedes sentarte ahí mismo. Empezaremos con una entrevista muy general sobre el balance de Tanto y la gira y acabaremos con algo un poco más íntimo. Apenas oigo lo que me dice, no estoy centrado más que en Marina, pero obedezco y me siento en el lugar que me indican. La entrevista empieza y Marina sigue ahí, poniéndome nervioso por momentos. Parece mentira que fuera yo el que planeara esto… En uno de los cortes que hacen para poner una de mis canciones en antena vuelvo a mirar al otro lado de la sala y Marina ha desaparecido misteriosamente.

-Pablo. Apenas reacciono, y cuando me doy cuenta tengo a Marina justo delante de mí. Me levanto de un bote y la miro temeroso. Marina me mira seria. Parece nerviosa, no sé si enfadada… Te presento a Marina, una de nuestras nuevas redactoras. Lleva con nosotros algunos meses ya y hoy va a empezar con una sección que estrenará contigo.
-E-Encantado… musito. ¿Pero se puede saber por qué me tiembla a mi la voz?
-Ho-hola, me dice con la voz temblorosa. Adoro verla en ese estado, a pesar de encontrarme yo en una situación más que parecida. Me recuerda al inicio de todo… a esa primera vez que la vi en Málaga, a esa firma en Sevilla…
-¿Empezamos?, le dice Eneko. Marina asiente desviando un solo segundo la mirada de mí. Eneko abandona la cabina y siento su aliento chocar contra mi piel y sus manos rozar las mías.
-Te voy a matar, me susurra. Vuelvo a sentarme en la misma posición de antes y veo como ella voltea la mesa y se sienta justo delante de mí.
-Bien, y a continuación os presentamos una nueva sección conducida por nuestra novata Marina Ferrer, anuncia Eneko, que acaricia la mano de Marina provocándole una dulce sonrisa que me enfurece. ¿A qué vienen estas miradas?

Intento olvidar lo visto y centrarme en la entrevista que supuestamente va a hacerme mi propia novia. ¿El lado íntimo de…? ¿En serio? No puedo reprimir la risa al oír el tono que van a tener las preguntas que va a hacerme.

-Y empezamos hoy la sección con una suculenta entrevista que vamos a hacerle al ídolo de masas y de alboranistas, Pablo Alborán. Buenos días Pablo. Me mira con una mirada tímida y suelta una risilla temerosa. Adoro verla así de vulnerable. Creo que voy a aprovechar la ocasión y todo para sacar mi lado más pícaro.
-Buenos días. Encantado de estrenarme contigo. Se queda callada y me mira atónita mientras los presentes sueltan algún que otro silbido perverso.
-No la pongas más nerviosa de lo que está, Pablo, no seas malo, me incita Eneko. Suelto una de mis habituales carcajadas y vuelvo la mirada a ella, que ha optado por mirar el papel con las preguntas.
-Bien… vamos a empezar antes de que se acabe el programa… murmura. Em… esto… tus fans y medio planeta está deseando saber cómo es el Pablo Alborán íntimo. Sigue sin mirarme, le tiemblan las manos mientras intenta sujetar el papel y mueve la pierna con ligereza.
-Pues te diría que soy normal, como cualquier otro chico de 23 años, pero tal vez no hay mejor forma de verlo que comprobarlo por si misma, ¿no? Levanta la cara de golpe y me mira con los ojos fuera de órbita. Está bien… voy captando que debo suavizar el tono, pero este juego me divierte, y mucho.
-Pablo no me tientes…, balbucea. Vamos a seguir, anda. Ahora voy a iniciar una tanda de preguntas cortas, ¿si? Asiento y vuelve la mirada a la hoja. ¿Rubias o morenas?
-Rubias. Vuelve a levantar la vista y me mira desconcertada. Sonrío y prosigue.
-¿Tímidas o lanzadas?
-Lanzadas.
-¿Del norte o del sur?
-Del sur, siempre del sur. Vuelve a mirarme seria. ¿Me estaré pasando?

martes, 30 de abril de 2013

Sesenta y nueve




Los meses van pasando poco a poco. El trabajo es realmente lo que esperaba y deseaba, mi relación con Pablo sigue adelante, y parece que la distancia no influye; ni para bien ni para mal. Viene y va, se queda en Málaga el tiempo que necesita, y vuelve a Barcelona para estar conmigo cuando quiere. A nivel profesional se encuentra en ese momento de paz y desconexión que tanto requería, y mi familia, sigue alejada de todo esto.

El embarazo de Alba sigue adelante, y a su ya habitual testarudez se le suman las náuseas, las peleas continuas con Rafa por absurdas idioteces, y los cambios repentinos de humor. Un conjunto de cosas que hacen más complicada la situación. Intento pasarme todas las tardes por su casa, al salir del trabajo, para pasar algo de tiempo con ella e intentar mediar entre Rasel, ella y sus egos antagónicos.

-¿Tienes ya el artículo sobre el concierto de Manuel Carrasco?, es Eneko, mi jefe, aunque cada día le tengo más confianza y parece un compañero más de trabajo.
-Si, le doy un último repaso y te lo llevo a tu mesa antes de que te des cuenta. Sonríe y asiente.
-Bien, pues tengo otra cosa para ti. Miro el reloj del ordenador intentando averiguar si voy a poder ir a casa de Alba o no. Por suerte, Pablo no está en Barcelona y por lo tanto no tengo que salir escopeteada de la redacción. Mañana nos visita Pablo Alborán y necesito que me prepares algunas preguntas para la entrevista. En cuanto oigo su nombre mi cuerpo se tensa irremediablemente.
-¿Pa-Pablo A-Alborán?, balbuceo. Eneko me mira risueño y suelta una carcajada que provoca las miradas de toda la redacción.
-¿Y esa vocecilla?, me dice entre risas. ¿No me digas que tú también caes rendida ante semejante personaje? No sé como tomarme las palabras que acaban de salir de su boca. ¿Lo dice a malas? ¿A buenas? ¿Le está menospreciando?
-Em… bueno, me gustan mucho sus canciones… es lo único que puedo decir después de mi demostración de oratoria.
-Entiendo… me dice curioso. Pues mucho mejor, así te será mucho más fácil preparar la entrevista, además, mañana entrarás en directo.
-¿E-en directo?
-En directo, Marina, en directo. Pareces un loro con tanta repetición. Definitivamente creo que tendré que llamar a Pablo y pedirle que anule la entrevista.
-¿Vo-voy a entrevistarle? ¡Maldita tartamudez!
-Mmmm…. No exactamente. He decidido que a partir de ahora tendrás una pequeña sección en mi programa de la mañana. ¿Te parece? No voy a decir “¿U-una sección?”, así que me quedo callada a esperas de que me diga algo. –He pensado en algo como “Marina en la intimidad”
-¿En la intimidad?
-Si, digamos que me gustaría que te llevaras a los entrevistados a su parte más íntima.
-¿Y cuando dices íntimo te refieres a…? No sé si es que yo soy tonta o que realmente no le encuentro sentido a lo que me dice.
-Hombre, pues teniendo en cuenta que es un programa a las nueve de la mañana, no creo yo que tengas que llevar lo íntimo al terreno sexual, Marina. Íntimo, no sé, lo que todo fan quiere saber de su ídolo y no sabe; su color favorito, la talla de camiseta que usa, lo que hace por las noches cuando nadie le ve… ya sabes, cosas íntimas. ¿Se supone que mañana debo preguntarle a Pablo qué hace por las noches cuando nadie le ve? Solo pensar en que mañana tendré a Pablo en público a escasos metros de mí me devuelve ese nudo tan engorroso que ha decidido instalarse esta vez en mi garganta. ¿Ha quedado claro? Le miro y asiento. Creo que no hay “peros” que valgan, así que más vale que vaya metiéndome en el papel de “desconocida periodista” si no quiero que se entere medio mundo de lo que ocurre.

Salgo de la redacción con una “lluvia de ideas” sobre las preguntas que debo hacerle mañana. Creo que es el momento de llamar a Pablo y pedirle las explicaciones pertinentes antes de partir hacia casa de Alba, pero por mucho que le llamo, no me coge el teléfono y empieza a preocuparme el hecho de tener que verle mañana sin poder hablar con él a solas antes.

-Vaya, hoy has salido más tarde, ¿no?, me dice Alba abriéndome la puerta. Me encuentro con la Alba de las últimas semanas, a la que la barriga cada vez se le nota más y más, hasta el punto de parecer un auténtico balón de baloncesto. Es una niña, hace aproximadamente un par de meses que nos lo dijo el médico, y digo “dijo” porque me tocó acompañarla a la ecografía para evitar que fuera sola con Rafa. Me adentro en su casa, que como cada noche, disfruta de tranquilidad puesto que la madre de Alba trabaja por las noches.
-Mira… no me hables que vengo contenta… Me quito la chaqueta y me siento en el sofá.
-¿Y eso? ¿Ha pasado algo?
-No ha pasado todavía, pero pasará mañana. Prepárate para ir a visitarme a la cárcel porque voy a matar a Pablo en cuanto le vea.
-¿A Pablo?, me mira asombrada.
-A Pablo, a Pablo… resulta que mañana viene a la emisora a una entrevista en el programa de la mañana y a mi maravilloso jefe no se le ha ocurrido otra cosa que darme una sección para ese programa. Y adivina cuando empiezo…
-¿No me digas que mañana?
-Ahá. Pero lo mejor es que Pablo no me ha dicho nada de que venía. Imagínate tú la cara de tonta que se me ha quedado cuando me lo ha dicho Eneko.
-Hombres… todos igual de capullos. La miro extrañada y sonrío.
-Tu amigo narco, que ha venido hoy a la clase de preparación del parto conmigo… casi me da un ataque. Suelto una carcajada al imaginar a Rafa en acción.
-¿A clase de pre-parto?, le digo entre risas.
-Pues yo no me río, Marina. La próxima vez que venga sin avisar le planto la pelota de gimnasia en la cara. Y lo digo muy en serio. No sabes la vergüenza que me ha hecho pasar… ya sabes lo revolucionadas que tenemos las hormonas las embarazadas, y va y viene con una de sus camisetas de tirantes, ahí provocando al personal. Te puedes imaginar tú cómo le miraban todas… parecía un pedazo de carne entre una decena de leonas… No puedo evitar reírme a pesar de las miradas asesinas que me lanza Alba.
-Por lo menos ahora hacéis algo juntos. Quién me iba a decir a mí hace un par de meses que iríais a clases de preparación del parto…
-Lo hago por ti, que lo sepas. Si por mi fuera ya le habría mandado a tomar el aire…
-Alba, no quiero volver a tener esa conversación contigo de nuevo. Es el padre de tu hija y punto.
-Bien, cambiemos de tema. ¿Quieres algo de cena?, me dice levantándose del sillón.
-No, ¡no!. Siéntate. Si yo me voy a ir ya a mi casa. He venido solo para ver que todo siguiera bien, que como ayer me comentaste que tenías molestias…
-Hoy estoy bien. Parece que los días que hago algo de ejercicio me siento mejor que si me paso el día entero en el sofá. Pero qué quieres que te diga, yo con esta barriga no salgo a caminar. Apenas me veo los pies, con que… Sonrío y me levanto. Me acerco a ella y le beso suavemente la frente y a continuación la tipa. Acaricio con cuidado su vientre y me encamino de nuevo a la salida. Estoy cansada y lo único que me apetece es refugiarme en mi cama y dejarme vencer por el sueño.

Salgo del edificio y reviso de nuevo mi móvil para ver si tengo alguna llamada y mensaje de Pablo, pero parece que se le ha tragado la tierra, así que decido dejar que pasen las horas y que mañana sea “lo que dios quiera”. Decido coger uno de mis ya habituales taxis, a estas horas. No tengo ganas de coger dos autobuses para llegar a casa.

Por lo que a mi familia se refiere, como he comentado antes, siguen en su mundo paralelo. No saben nada de Pablo, de mi vida en Málaga y de mis preocupaciones en relación a esos dos temas. El poco tiempo que estoy en casa prefiero pasarlo a gusto y no estar pendiente de si a alguno de los miembros de mi familia le incomoda mi vida amorosa. Cuando Pablo viene a Barcelona intento pasar todo el tiempo que puedo con él, alegando que el trabajo me tiene absorbida y que Alba me necesita a su lado por el embarazo.

Abro la puerta de casa y a diferencia del resto de días, veo que hay luz en el salón.

-¿Papá? ¿Estás ahí? Mi padre es el único que podría estar en el salón a estas horas. “Viendo la televisión” o lo que yo interpreto como “durmiendo en el sofá”. Antes de llegar hasta allí, oigo como alguien camina hacia mí.
-¿Marina? Esa voz… no puede ser…
-¿Alex? 

lunes, 22 de abril de 2013

Sesenta y ocho


 Tú


“-Déjame ir contigo, me dice con carita de corderito degollado. Apoya su frente en la mía y siento como su cálido aliento choca contra mi piel.
-Pablo… sabes que no puede ser… tenemos que acostumbrarnos a la distancia… lo dice mi cabeza, solo mi cabeza… mi corazón es incapaz de separarse de él.
-Te necesito, te necesito conmigo… sus palabras suenan tan sinceras que se me clavan en el alma como un punzante y doloroso puñal.
-No seas malo, que bobito también me necesita y tita Alba ya tiene bastante con lo que tiene… intento bromear para destensar el momento. Siento su sonrisa contra mi rostro y hace que me cueste un poquito más separarme de él.”

Pablo Alborán ‏@pabloalboran
La nostalgia es el sentimiento más vivo que existe… nostalgia, nostalgia de todo! Buenos días familia!

Un retweet para la cuenta de Los 40 principales. Primer día de trabajo, y también con nostalgia de todo… Pensar en él me hace recordar mis últimas horas en Málaga. Como sabéis, no me gustan las despedidas, y evité por todos los medios tener que hacer un drama con su familia a la hora de marcharme, pero por desgracia con Pablo no pude evitarlo. Me acompañó a la estación, empeñado en que quería acompañarme a Barcelona y quedarse unos días conmigo aquí, pero no, no puede ser…

-¿Lo has entendido todo? Alzo la vista y encuentro de nuevo la mirada intimidante de mi jefe, Eneko. Es un hombre extraño, muy extraño. Asiento y sonríe. Su sonrisa es una de las más bonitas que he visto jamás, y sus ojos claros me transmiten paz absoluta. –Esta tarde te cambio de tarea, no te preocupes… es que Cristina, la chica que nos lleva las redes sociales ha tenido que ausentarse esta mañana por motivos personales, y te necesito aquí.
-Claro, claro… no te preocupes. Me pone nerviosa la forma de mirarme que tiene. A veces siento que me escanea de arriba a bajo como si fuera un libro, y a veces su sonrisa de niño bueno me lo hace olvidar todo… ¿Pero en qué narices estás pensando, Marina? Sacudo la cabeza para despejar la mente y me doy cuenta de que ya se ha marchado de allí. Menos mal…

Marina Ferrer @maarina_barcelona
@pabloalboran la nostalgia se fundamenta en recuerdos de momentos bonitos. No lo tomes con tristeza, revívelos una y otra vez. ¡Sonríe!  

Dejo el móvil sobre la mesa y me despreocupo. Tengo algún que otro mensaje sin mirar, pero no puedo estar con el teléfono en la mano el primer día… además, soy consciente de que Pablo lo lee todo, así que estoy convencida que leerá el tuit.

Después de una mañana de nervios, poco trabajo y de intentar adaptarme a mi nueva vida, salgo de la redacción con la intención de comer algo ligero para seguir con mi tarea por la tarde. Me pongo la chaqueta, me cuelgo el bolso en el hombro, cojo el móvil y salgo de allí sin despedirme de nadie, demasiado temprano todavía para hacer amigos. Acciono el botón de desbloqueo del iphone y me encuentro más de veinte llamadas perdidas de Rafa. El corazón se me encoje al pensar que haya podido pasarle algo a Alba, así que sin tiempo ni para salir del edificio, devuelvo la llamada.

-¡Por fin! Por dios, pensé que tendría que ir a rastrear Barcelona hasta encontrarte. Su voz suena desesperada.
-¿Rafa? ¿Qué pasa?
-¿Qué qué pasa? Pues que hoy, después de que me prometiera que hoy hablaría conmigo, he vuelto a acampar en la puerta de casa de Alba y no se digna a abrirme la puerta. Yo te juro que no puedo más… es que ya no sé qué más hacer. Como si no tuviera yo bastante con mis problemas…
-¿Pero estás seguro que está en casa?
-Marina, que tiene puesta a toda pastilla la música de tu querido novio, digo yo, vamos, digo que estará en casa… Van a conseguir acabar conmigo…. Miro el reloj intentando calcular si me va a dar tiempo de ir y volver a casa de Alba y llegar a tiempo al trabajo.
-Está bien, está bien. Voy para allá. No te muevas de ahí, ni llames más, ni nada. Quédate quieto, ¿estamos?
-Estamos, estamos.
-Bien, pues ahora nos vemos.

Me acerco al final de la calle y espero atenta hasta que logro divisar un taxi a lo lejos. Me adelanto un poco para que me vea y estiro la mano para pararlo.

-A la calle Enrique Granados con Gran Vía. Y rápido, por favor. El conductor asiente y arranca el coche. Aprovecho para mirar los mensajes que tengo en el móvil. Amigas, mi madre, Rafa,… y nada de Pablo. Me extraña no tener noticias suyas…

El coche para en seco y el taxista me anuncia que ya hemos llegado. Saco el billete del monedero y salgo gritándole que puede quedarse el cambio, no hay tiempo para tonterías… Llamo al timbre de la portería y al hacerle saber que soy yo me abre enseguida. Subo las escaleras lo más rápido que puedo y al llegar al rellano correspondiente me encuentro a Rafa apoyado en la puerta. Sonríe al verme y se abalanza sobre mí a abrazarme.

Hola princesa! ¡Gracias por venir! No sabes las ganas que tenía de verte….
-Déjate de formalismos que tengo prisa. He salido del trabajo y tengo una hora para comer, así que espabílate. Acerca su mano derecha hasta su frente cual soldado a su general.
Si, señor! Sonrío y le doy un pequeño golpe con la cadera para que me deje el camino libre hasta la puerta del piso de Alba. Llamo a la puerta y en unos segundos veo la cara de Alba delante de mí, sonriente, como siempre.
-¡Marina! Abre un poco más la puerta pero recula al ver que no he venido sola. Su cara cambia al instante y vuelve atrás para intentar cerrar la puerta. Mi mano se entromete entre ésta y el marco y acabo recibiendo un golpe seco.
-¡Au! Pero serás bruta…, le digo acariciándome la zona enrojecida.
-¡Dios! Lo siento, lo siento, lo siento… yo no quería… Alba vuelve a abrir la puerta de nuevo y se abalanza sobre  mi brazo.
-Vale ya de gilipolleces. Me pongo seria. Creo que es la única forma de poner solución a esto… Tú, tira para dentro. Le digo a Alba. Y tú, calladito y para dentro también, le digo a Rafa. Ambos obedecen y respiro tranquila. No hubiera soportado otro numerito más. Entro la última y cierro la puerta. Avanzo hasta el salón en el que veo a Alba sentada en el sofá, con cara de pocos amigos, y a Rasel en pie, mirándome con carita de pena. –Bien, yo aquí no pinto mucho, pero visto lo visto y con la idea de que podéis llegar a mataros el uno al otro, voy a quedarme lo justo y necesario para que habléis lo que tengáis que hablar. Y por cierto… antes de callarme y dejaros hablar a vosotros, quiero expresar mi opinión… Me parece absolutamente penoso el hecho de que tenga que estar aquí como un puñetero guardia de seguridad por lo que pueda pasar, teniendo en cuenta que en la cama os lleváis estupendamente.

Alba me mira con la boca abierta y hace el gesto de hablar antes de que pueda cortarla.
-No es discutible, para nada. Creo que se me está pegado demasiado el lenguaje de Pablo… Los niños no se hacen solos, así que si eres lo suficiente mayorcita para abrir las piernas, también lo eres para hablar las cosas como personas civilizadas. A mi, por lo menos, me daría vergüenza.
-Yo… musita Rasel.
-Tú te callas también, que tela contigo… que aquí meter es muy fácil, pero actuar como el hombre que deberías ser, parece que no lo es tanto…. Rafa, acampar en la puerta de su casa cual quinceañero en primavera, no es normal, por muchas vueltas que le des al asunto. No… Y ahora que me he quedado a gusto, podéis hablar, porque yo tengo que volver a trabajar y no he comido todavía.  

Ambos se miran entre ellos y vuelven la mirada hasta mí.

-Vete, anda. Te prometo que voy a dejarle hablar. No voy a pegarle, me dice Alba serena. Rafa desvía la mirada hasta ella y abre los ojos de par en par al oír sus últimas palabras. Era broma hombre… relájate, le dice risueña. Bueno… parece que las aguas vuelven a su cauce…
-Me voy, pero que conste que si me llama la policía y me dice que os habéis matado, no voy a ir a vuestros funerales. Avisados estáis. Recojo el bolso que dejé encima de la mesa del salón y me acerco a los dos para despedirme. Toco ligeramente la barriga de Alba, que ya ha empezado a crecer, y acaricio el brazo de Rafa para intentar transmitirle mi apoyo.

Salgo de allí corriendo en busca de otro taxi. Al final voy a arruinarme. Me siento y me relajo el poco tiempo de trayecto que me espera hasta la redacción. Rebusco entre las cosas de mi bolso mi móvil. Mensajes, mensajes y más mensajes. Y twitter…

Pablo Alborán ‏@pabloalboran
@maarina_barcelona qué razón tienes… y recuerdo, recuerdo porque lo que amas nunca puede salir de tu cabeza… Besos!