domingo, 26 de octubre de 2014

Bienvenidos de nuevo, y gracias!

¡Bienvenidos de nuevo, familia!

Es un placer volver a estar aquí con todos vosotros.

Antes de volver a subir capítulos, antes de reemprender la novela, las actividades y por supuesto, antes de publicar el esperado capítulo 100, quiero tomarme unos minutos de vuestro tiempo para agradeceros tanto apoyo durante todo este tiempo; durante estos casi tres años.

Haciendo balance de todo lo que ha significado la novela, lo cierto es que no tengo palabras suficientes para agradecer todo vuestro apoyo y vuestro interés. A pesar de que los últimos meses he estado alejada del blog por razones que entenderéis pronto, quiero que sepáis que no he dejado de trabajar en ello.

La novela, en el blog, sigue siendo la misma; aunque el nombre ha cambiado, y vuelvo a insistir, pronto lo entenderéis todo, pronto sabréis el porqué de todo esto. Así que bienvenidos a “Desencuentro.

La intensidad del inicio fue espectacular, y tal vez algo desbordante para alguien que no tenía experiencia en ello. Por eso, este tiempo me ha venido bien a mí para aprender a manejar todo esto, y para vosotros porque habéis descansado un poquito de mí.

Por todo el cariño que he recibido por vuestra parte, por todas las palabras bonitas, la ayuda y la entrega… a todas y cada una de las personas que han estado a mi lado, compartiendo la pasión por este proyecto quiero lanzaros un GRACIAS en mayúsculas, y quiero haceros saber que todo este apoyo tendrá su compensación mucho antes de lo que pensáis. Mi más sincero agradecimiento, de corazón.

Estoy de vuelta, esta vez para quedarme y sorprenderos el próximo año con cosas nuevas y grandes.

Gracias, de nuevo. Un Gracias eterno.

PD: Y recordad que necesito más que nunca vuestra fuerza en las redes sociales. Para ello os pido que me sigáis si no lo hacéis ya, y que compartáis con vuestros contactos mis cuentas.

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domingo, 19 de enero de 2014

Noventa y nueve

 Tú


Siento que el corazón no va a aguantar lo que le pido. Su fuerte latido me fatiga al subir las escaleras y tengo que parar en varias ocasiones. Cuando por fin mis pies se detienen en el último piso me apoyo en la baranda y suspiro agotado. Me acerco sigiloso a la puerta. Mis manos tiemblan como si me fuera a someter a una tortura. Sujetando la llave, me ayudo con la otra mano porque la tiritera no me deja insertarla correctamente en el paño. Inspiro y expiro por enésima vez y giro la llave hasta que la puerta cede y puedo ver como un pequeño rayo de luz se cuela por el pequeño hueco de ésta.

Empujo suavemente la puerta hasta que queda totalmente abierta. Una bocanada de aire frío me sacude y doy un paso atrás nervioso. Intento tranquilizarme auto convenciéndome de que seguramente la señora Moore olvidó cerrar la ventana. Inspiro de nuevo. Parecerá una tontería pero siento como si me robaran el aire, y necesitara recuperarlo.  

Avanzo poco a poco y cierro la puerta tras de mí. Un fresco olor a rosas embriaga mis sentidos y sigo el rastro hasta la pequeño balcón que da a la calle. Una decena de tiestos con todo tipo de flores engalanan la blanca y radiante balconera. Sonrío nervioso y un pequeño ruido me pone de nuevo en alerta.

Camino a paso lento tratando de averiguar qué ha ocurrido. Un fuerte escalofrío recorre mi cuerpo y me paraliza. No puedo creer lo que ven mis ojos. No… no puede ser cierto. No puede ser ella…  Siento mi cuerpo rígido y tembloroso. Mis piernas flaquean y tiemblan como cuando la tenía cerca, como aquella primera vez que pude abrazarla…

Un escalofrío recorre mi cuerpo. Giro la mirada y la veo allí, es ella, estoy seguro. Mi cuerpo se estremece y me quedo en shock. Soy incapaz de moverme y ella tampoco lo hace. Por eso reacciono, porque ella se ha quedado en pie, quieta a escasos metros de mí, y no puedo dejar escapar el momento. Me abalanzo sobre ella y la abrazo con todas mis fuerzas. Puedo sentir su respiración entrecortada y su dulce aroma. Su cuerpo tiembla como aquella primera vez que la tuve entre mis brazos. Ahora ya no es un sueño, es real, la tengo allí, conmigo. De mis ojos empiezan a brotar algunas lágrimas de emoción que no puedo reprimir, y siento como ella lo nota y me abraza con más fuerza. Pasa sus manos frotándome la espalda nuevamente para tratar de tranquilizarme.”

-¡Pablo, ¿Estás bien? … vuelvo a la realidad al oír su voz y la veo allí a mi lado, acariciándome con ternura las mejillas.
-Ma-Ma-Marina. Esboza su preciosa sonrisa y siento que mi corazón se recompone después de seis años.
-No, no, Pablo. Yo no soy…. Me mira con ternura. No puedo dejar de mirarla. No puedo creer que esté aquí.  Alex. ¡Pablo está aquí!, grita sonriente. La miro embelesado y recobro esa sonrisa que perdí aquella noche en aquél maldito aeropuerto.

-¡Pablo! Alex aparece por la puerta algo cambiado por el paso de los años pero con la misma sonrisa que su hermana, como siempre.
-A-Alex. ¿Qu-Qu-Qué hacéis aquí?, balbuceo.
-¡Oh! No, no. Pablo, no es lo que crees. Ella es Nazaret, mi prima, y la prima de Marina, claro.
-¿Cómo?, el alma se me encoje de nuevo al mirarla. Parece que los ojos me devuelven ahora una imagen completamente distinta de esa chica.
-¿Na-Nazaret? Alex asiente y ella se adelanta y me saluda con dos besos.
-Intenté decírtelo… lo siento, murmura. A medida que me fijo en ella desaparecen sus similitudes con Marina. Tiene un aire…pero…
-Siento estar aquí sin avisarte, pero la señora Moore me llamó y me dijo que llevabas tiempo sin venir… supuse que quedaría algo de mi hermana aquí, me dijiste la última vez que nos vimos que estaba todo tal y como lo habías dejado. Asiento, camino hasta el pequeño sillón del salón y me dejo caer abatido.

-Coge lo que quieras. Yo…Yo no necesito…Alex esboza una pequeña sonrísa.
-¿Cómo estás Pablo?, me corta. Hace mucho tiempo que no te veía…
-Cuatro años, murmuro.
-Dentro de poco va a hacer ya seis años que…
-Lo sé, le interrumpo. Apoyo las manos en la cabeza y desciendo lentamente por mis mejillas, cubriéndome los ojos a su paso. Siento su mano en mi espalda y le miro.
-¿Cómo estás?
-Bien. Hace mucho tiempo,… y… ya está superado, miento. No sé por qué no soy capaz de hablarle con franqueza. Me levanto nervioso y me dirijo a paso ligero a la puerta.
-¿Te vas ya?
-Eh… si. Tengo que irme. Solo venía a ver cómo seguía el piso y por lo que veo todo está en su sitio. He-He quedado. Nos vemos en otro momento.
-¡Claro! Mira… te doy mi tarjeta por si quieres que vayamos a tomar un café algún día. He venido a un congreso aquí a Madrid pero la semana que viene estaré de nuevo en mi consulta, en Barcelona. Sabes que tienes las puertas de casa abiertas…
-Eh… si, si. Nos vemos pronto, trato de sonreír y salgo de allí deprisa.

Bajo las escaleras trabándome con cada uno de los escalones que dejo a mi paso hasta que tropiezo finalmente dos pisos más abajo y caigo de rodillas. Me incorporo con cuidado y me quedo sentado tratando de recobrar la respiración, pero mi alma deja de ser fuerte y se derrumba llevándose con ella las lágrimas que llevo tanto tiempo guardando. Ahogo el llanto entre mis manos, evitando que mis quejidos me delaten.

“-¡Cielo! ¿Cómo estás?, me abraza mi hermana. Me tiro a sus brazos con fuerza y me estrecha para tranquilizarme.
-No quiero perderla Pau, ahora que…
-Shhh, no digas eso Pablo… estará bien. Seguro que necesita pensar y habrá salido a dar una vuelta, no te perturbes.
-¿Pero y si se ha perdido? ¿Si le ha pasado algo? le digo entre sollozos.”

El recuerdo de aquél día me perturba todavía con más fuerza. Recuerdo el ansia y el miedo que sentía al pensar que podía haberla perdido, y hoy… hoy es una realidad. Hoy no está, y no volverá nunca. Hace más de cinco años que me repito esa frase a diario, cinco años que le muestro al mundo un rostro que no tiene nada que ver con lo que tengo dentro y con lo que siento. Hace más de cinco años que el destino me arrebató el sol, y sin él la luna no brilla.

-¡Pablo! ¡Santo cielo! ¿Qué haces ahí en el suelo? ¿Qué te ha pasado? Las frías manos de una mujer me recogen del suelo y me ayudan a tenerme en pie. Levanto la mirada y me encuentro el rostro serio y preocupado de Mica, mi psicóloga. ¡Pablo qué haces aquí! ¿Qué ha pasado? Sin tiempo a responder camino a su lado como puedo, algo dolorido por la caída. Abre la puerta de uno de los pisos de aquél mismo bloque y veo a la señora Moore corriendo hacia mí con el rostro desencajado.

-¡Pero qué ha pasado, hijo mío! ¡Qué te han hecho!, grita alterada.
-Abuela, lo encontré tumbado en el rellano. No sé qué ha pasado. ¿Le conoces?
-¡Claro que le conozco, hija! Es Pablo, el chico del que te hablé. Él es el que me tiene el piso alquilado. El ático.
-¿Pablo es el inquilino? Bueno… el que te paga pero no… ¡Claro!, masculla. ¡Ahora lo entiendo todo!
-Pero ven, cariño. Vamos a tumbarlo en la cama. ¡Tenemos que curarle esos rasguños!

Me llevan hasta una pequeña habitación y me dejan caer con cuidado en la cama. Oigo como hablan intranquilas, corriendo de aquí para allá... pero yo sigo aturdido y conmocionado. Aislado de la realidad…

Sus manos frías vuelven a tocarme, y siento como limpia mis heridas con algo caliente que me escuece. Dejo ir un pequeño quejido. Parece que el golpe ha sido más fuerte de lo que pensaba. Acaricia mis manos para calmarme y sigue curándome.

-Pablo, dime algo. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacías aquí?
-Yo… sonríe y posa su índice sobre mis labios.
-Sh… me quedo más tranquila sabiendo que puedes hablar. Sonríe.
-Solo quería enfrentarme a ello yo solo. Pero…

-Shh… Ya está. No hables más. Descansa y ya tendrás tiempo de explicarme… Asiento. Te traeré una tila. Te irá bien. 

sábado, 18 de enero de 2014

Noventa y ocho


-¿Pero estás segura? Piensa que trabajar de noche no es lo más agradecido del mundo…
-Tío, te lo pido por favor. Dale a Cristina mi puesto en el restaurante y yo trabajaré en el pub por las noches. Está decidido.
-¿Se lo has dicho ya a tu hermana?
-Ni se te ocurra comentarle a Cristina que he estado aquí pidiéndote esto. Digamos que no tengo ganas de que me deba una. Ya tiene una edad y le conviene llevar una vida tranquila. Si trabaja de noche no madurará nunca. Yo buscaré algo más que hacer por las mañanas y listo.
-Si quieres quedarte en el bar para los desayunos…
-Déjalo como está. Lo único que te pido es que le des tú la noticia a Cristina, y que te inventes algo para obviar que yo le he cedido mi puesto.

No sé si he hecho bien o no pero la decisión está tomada. No puedo tener a la vaga de Cristina tumbada en el sofá todo el santo día. Por lo menos tendrá algo que hacer… Ahora me toca a mí encontrar algo decente que hacer por las mañanas o por la tarde, antes de entrar al pub del tío. No es que vaya mal de dinero y necesite dos empleos para sobrevivir, y más ahora que Cristina me ayudará con el alquiler, pero sé que si no busco algo con lo que emplear las mañanas o las tardes, acabaré volviéndome una vaga redomada.

Estos son los peligrosos momentos en los que se me pasa por la cabeza volver a Málaga con mis padres. Puede parecer la solución más fácil, pero así soy yo; cuando mi vida maravillosa en Barcelona se desmorona, mi corazón me exige un billete destino Málaga. Mis pies me llevan a la estación de tren y me paso allí horas mirando el tablón de “salidas”, debatiéndole a mi corazón que debo quedarme aquí y demostrarme a mí misma que yo puedo con todo, aunque no sea exactamente así.

Volteo la llave deseando que el único ser vivo que esté en casa sea Pablete. No tengo ganas de verle la cara a nadie más. Mi humor no es el perfecto para ello. Cuando mi culo está a punto de rozar la suave manta del sofá, la melodía de mi móvil interrumpe tan apetecible gesto.

-¿Si?
-Código rojo. Un 6, 7. ¿Un 6, 7, ahora? ¡Oh no!
-¿Voy yo o vienes tú?
-Estoy de camino. Rebufo y miro si el piso está en condiciones. Desde que está Cristina en casa no puedo fiarme de cómo se queda la casa.
-Ración doble, por favor. Lo mío no es tan urgente, pero me vendrá bien.
-Triple. Vengo con Sandra. Dame diez minutos y estamos ahí.
-Hecho.

Por lo visto no pasaré la tarde sola. Por mucho que me apetezca tranquilidad, ¿Qué mejor que una terapéutica sesión de amigas? Apago la tele y saco las velas perfumadas que utilizamos siempre en estos casos. Salgo directa a mi habitación y rebusco en el joyero la pequeña llave que abre el único armario que cierro en toda la casa; el del jarabe terapéutico: limonada rosa.  Saco uno de los centenares de potes de limonada que tengo guardados, preparo la pócima mágica y vuelvo a dejar el pote en su sitio, cerrando el pequeño armario nuevamente y dejando la llave en su sitio. Llamo a Cristina para asegurarme que no entorpecerá la tarde. Por suerte ha quedado con uno de sus tantísimos amantes.

Somos tres. Siempre somos tres; los ángeles de Pablo nos auto apodamos. Sandra, Daniela y yo, tres locas alboranistas que por casualidades de la vida coincidimos trabajando en nuestra cadena de cafeterías favorita, Starbuks. Hemos pasado de todo juntas y hace un par de años nos recorrimos parte de la geografía española siguiendo a Pablo en sus conciertos.

 Las chicas no tardan en llegar con las provisiones.  Dejamos las bolsas en la cocina y volvemos al salón donde todo está preparado.

-Pon a Pablo. Alto. Muy alto. Asiento y subo el volumen de los altavoces externos de mi iphone. La carpeta de Pablo sale predeterminada y lo primero que nos regala es su adorable “Dónde está el amor”. Eso me pregunto yo a diario. ¿Dónde estará? Vuelvo al sofá junto a ellas, esta vez junto a la medicina.
-¿Está fría?, me pregunta Dani.  
-La he hecho con agua fría, si. Pero si quieres echarte algo de agua natural para…
-No, no. Está perfecta, dice soltando un pequeño gemido tras dar el primer sorbo.
-A ver. Vamos por partes, dice Sandra. Primero tu 6, 7, le dice a Dani. Luego tu…
-Mmmmm… mi 4, 4, 2.
-¿4,4,2?, gritan al unísono.

Supongo que os costará comprender ese lío de números sin sentido, ¿verdad? Digo yo que poco a poco os iréis acostumbrando. Estamos algo locas, pero nosotras, como siempre decimos, nos entendemos.

-¿Tu hermana? Exacto, un 4, 4, 2 es un problema de hermanos, y el 6, 7, como veréis más adelante, una alerta de cuernos.
-Lleva una semana viviendo aquí conmigo, pero ahora vamos con lo tuyo, Dani. Luego os cuento… Sin rechistar Daniela o Dani, como siempre la llamamos cariñosamente, se incorpora y cruza las piernas cual indio en manada.
-Veréis. Sé que me vais a decir que soy una paranoica de las grandes, pero necesitaba contároslo. Resulta que esta mañana Carlos, su novio, se ha dejado unos papeles que ayer estuvo preparando hasta tarde para la reunión de hoy. Pensando en hacerle el favor del siglo, me he vestido corriendo y se los he acercado al bufete. ¿Y a que no adivináis lo que me he encontrado allí?  La miramos confusas y chasquea los dedos sobresaltándonos. ¡Ha cambiado de secretaria! Sandra y yo la miramos estupefactas y sin poder evitarlo suelto una carcajada que rompe la tensión y el silencio.
-¿Ha cambiado de secretaria?, pregunta Sandra extrañada.
-¡Exacto!
-¿Y qué tiene esto de 6, 7?, le digo riendo. ¿Acaso la tenía apoyada en su mesa con la falda remangada?
-¡No seas bruta, Esther!
-¡Joder, pues perdóname Dani pero no entiendo nada!
-A ver…. El problema es que antes tenía a una mujer normalita. No sé cómo decir…
-A una vieja, murmuro.
-¡Exacto!
-¿Y?
-¡Pues que ahora tiene a una rubia que parece una manola vistiendo!, ¡Y encima no me ha comentado nada! se atreve a soltar. Sandra y yo nos miramos y nos echamos a reír ante semejante estupidez.
-Pero vamos a ver, Dani. Carlos es un buenazo,... tan bueno que a veces, el pobre, parece un poco tontito, le dice Sandra. Eso debe ser que los del bufete han echado a la otra secretaria y la han sustituido por “Manola”. ¡Pero Carlos no tiene ninguna culpa! Y si no te lo ha dicho es porque sabe cómo eres y las películas que efectivamente, te estás montando ahora que lo sabes.
-No si tenéis razón… pero ya sabéis cómo soy. Enseguida empiezo a ponerme nerviosa… Me he pasado la mañana entera llorando como una tonta…
-Pues ya sabes lo que te toca, le dice Sandra señalando el vaso con “limonada”. Esboza una sonrisa maliciosa y se acerca al vaso para sorber antes de cogerlo.
-Un día tendrás que descifrarnos tu mágica receta…
-Luego tendría que mataros. Sonrío. Nunca, jamás le he dado a nadie mi pócima secreta. Todavía recuerdo cuando mi abuela, tras una noche de llorera porque me acababa de dejar mi primer novio, me amenizó la noche con un vaso de esa maravilla color rosa. Solo puedo decir que no es precisamente adecuada para niños.

-Bien. Te toca a ti, me dice Dani. Cojo aire y las miro. Ahora me toca a mí tomar un sorbo de la medicina o no seré capaz de soltarlo todo de una vez por la boquita. Me miran suplicantes y cuando dejo el vaso de nuevo en la mesa me acomodo para empezar.

-Cristina ha vuelto y la tengo en casa conmigo. Mi madre no aceptaría que la dejara en la calle como a un perro, así que no tengo más remedio que soportarla.
-¿Y dónde está?, me pregunta Sandra.
-Ahora con cualquiera de sus amantes, ligues o como quieras llamarle. Duerme en la habitación pequeña.
-Madre mía la que te ha caído encima…
-Pues si os cuento lo que he hecho esta mañana…

Casi me matan al contarles mi genial idea, pero trato de convencerlas de que en unos días me voy a Málaga a pasar las navidades con mis padres y que no estoy dispuesta a buscar nada hasta que vuelva. Tras la primera fase de la terapia seguimos con la parte más importante, la cena. Las sesiones se completan con nuestra comida favorita. A Sandra le chifla el risotto de setas de “Pasta City”, a Dani los tallarines del restaurante chino de debajo de casa, y yo estoy enamorada de las hamburguesas mediterráneas de Foster’s Hollywood. Dani se ha encargado de pasar por los tres para recoger la comida. Nos sentamos en el sofá a comer mientras vemos mis dvd’s de “Sex and the city”. 

Abstraída por semejantes escenas de la serie no advierto que los ruidosos gemidos que oímos no son precisamente de la serie. Me levanto sigilosa y casi llegando a la puerta veo como el paño de ésta gira y aparece mi hermana acompañada de un hombre alto y apuesto al que si le soltara mi hermana el morro, podría verle la cara. Pocos segundos después, al descubrir que no son los únicos que están en el salón, dejan de investigar sus gargantas y mi hermana empieza su habitual teatro.
-¡Oh dios mío!¡ No sabía que estabas aquí con tus amigas! Nos vamos a la habitación para no molestar… tendrá cara la tía…Antes de que pueda reaccionar, oigo como cierra la puerta de la habitación de golpe y suspiro.

-¡Dios mío dame paciencia!, grito volviendo al sofá.

-Esto… ¿tú has visto quién acaba de entrar ahí dentro con tu hermana?
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